viernes, 22 de mayo de 2009
Don Zenón
-Ya don Zenón, si o no que sus tacos son de perro- dice mariana,-sí, pero de puro perro fino-responde el taquero de bigote abultado y grasoso.
esperando a que empiece el turista
Estoy sentado en la orilla de un escalón, con los pies en una alfombra, justo a un lado de donde acabo de pisar una desagrdable cucaracha.
Mientras unos juegan "viuda" y otros se pierden entre las imágenes proporcionadas por la televisón por cable y el internet, yo estoy cayéndome de sueño. Se me cierran los párpados a pesar del inútil intento para conseguir lo contrario por parte de los dedos de mis manos.
"!A huevo!" grita Lucas mientras empina una cerveza y se complace con un largo trago.-págenme- dice emocionado, mientras los otros cuatro lo insultan de manera amigable.
El sueño cada vez empeora, pero hay algo en mí que me impide el subirme y ocupar una de las camas antes de que me quede sin una para dormir.
Volteo a ver a Diego y a Eyenie que procuran conseguir el sueño, apesar de estar rodeados del escándalo. Me parece increíble la facilidad con la que logran ignorar tanto la luz como el ruido. (Eyenie, si lees esto disculpame si está mal escrito tu nombre, pero no me atreví a despertarte sólo para solucionar mi duda).
Son las 12:57, me he hartado de esperar la partida de turista mundial, que para ser sincero, no hubiera aguantado, por las características del mismo. Volteo a ver la televisión,para observar la repetición de un golazo de Cristiano Ronaldo; gol que me provoca sonreír.-que golazo-digo en voz alta.
Antes de culminar con este escrito que al parecer carece de importancia, les cuento (a los que se toman la molestia de leer estas palabras) que me está cumpliendo la labor de desahogo. Hoy en lo personal no fue un buen día, los fantasmas del pasado, los encragados de retrasar mi sueño futbolísticos, hicieron acto de presencia en las afueras del campo de prueba. Me sentí cómodo jugando, pero como siempre, el antiguo entrenador hizo valer su palabra provocando mi menosprecio. Me dolió (como las veces pasadas), sin embargo, recibo el apoyo de amigos y sé que mañana lo sentiré de mi familia cuando la vea.
Podrán pegarme, mas no caeré. Ahora me retiraré para caer... pero de sueño.
Mientras unos juegan "viuda" y otros se pierden entre las imágenes proporcionadas por la televisón por cable y el internet, yo estoy cayéndome de sueño. Se me cierran los párpados a pesar del inútil intento para conseguir lo contrario por parte de los dedos de mis manos.
"!A huevo!" grita Lucas mientras empina una cerveza y se complace con un largo trago.-págenme- dice emocionado, mientras los otros cuatro lo insultan de manera amigable.
El sueño cada vez empeora, pero hay algo en mí que me impide el subirme y ocupar una de las camas antes de que me quede sin una para dormir.
Volteo a ver a Diego y a Eyenie que procuran conseguir el sueño, apesar de estar rodeados del escándalo. Me parece increíble la facilidad con la que logran ignorar tanto la luz como el ruido. (Eyenie, si lees esto disculpame si está mal escrito tu nombre, pero no me atreví a despertarte sólo para solucionar mi duda).
Son las 12:57, me he hartado de esperar la partida de turista mundial, que para ser sincero, no hubiera aguantado, por las características del mismo. Volteo a ver la televisión,para observar la repetición de un golazo de Cristiano Ronaldo; gol que me provoca sonreír.-que golazo-digo en voz alta.
Antes de culminar con este escrito que al parecer carece de importancia, les cuento (a los que se toman la molestia de leer estas palabras) que me está cumpliendo la labor de desahogo. Hoy en lo personal no fue un buen día, los fantasmas del pasado, los encragados de retrasar mi sueño futbolísticos, hicieron acto de presencia en las afueras del campo de prueba. Me sentí cómodo jugando, pero como siempre, el antiguo entrenador hizo valer su palabra provocando mi menosprecio. Me dolió (como las veces pasadas), sin embargo, recibo el apoyo de amigos y sé que mañana lo sentiré de mi familia cuando la vea.
Podrán pegarme, mas no caeré. Ahora me retiraré para caer... pero de sueño.
jueves, 21 de mayo de 2009
A pesar...
Desde hace un par de días he dejado de lado todo lo que la sociedad considera como correcto o adecuado para el desarrollo de la vida. Me he olvidado por unas cuantas horas del colegio y el trabajo, que supuestamente, me apoyarán con el sustento necesario para desarrollarme en este molesto e impuesto sistema capitalista, en donde sólo tienes un valor por la cantidad de bienes adquiridos.
Me he alejado de estas tediosas y hasta cierto grado, molestas rutinas, para alcanzar mi más preciado sueño; el ser futbolista profesional. Este sueño se enraizó en mí desde la temprana edad de de seis años, cuando descubrí la alegría que me provocaba el patear un balón.
Este deporte me ha hecho viajar incontable cantidad de veces; dejando de lado tanto a familia como amigos ; en una palabra: sacrificios. Viajes que lamentablemente no han sido del todo placenteros, pero que me han hecho adquirir experiencia como para poder codearme con excelentes jugadores.
Dejando de lado las historias vividas, prefiero ubicarme en el presente, que es el que me provoca escribir en esta sombría tarde de primavera, a falta de luz, mientras escucho el sonido del agua cayendo de la regadera y la plática de unos cuantos amigos, referente a un videojuego que me es totalmente ajeno; en la guarida de mi estimado señor x.
Vine a la ciudad de Querétaro para presentarme por cuarta vez a las pruebas del club de fútbol Gallos Blancos. A pesar de que aún siguen en mi mente, aquellas situaciones (todas idénticas) que han caracterizado los intentos pasados; sigo sin perder la esperanza de ingresar al club de fútbol de este lugar. Hasta aquí parece, por lo mencionado, que no he pasado las pruebas, situación que no es así; lo sucedido es que simplemente al estar al nivel de la tan ansiada segunda divisón, he sufrido ciertos escenarios, que no me concienrnen explicar aquí.
Espero que en esta ocasión la gente que me rodee durante mi actuar deportivo, se incline específicamente en eso: lo deportivo; no en lo extra cancha.
El rubro dentro de mi vida, del cual estoy confiado nadie podrá arrebatarme es esa felicidad provocada por una simple bola de material sintético.
Me he alejado de estas tediosas y hasta cierto grado, molestas rutinas, para alcanzar mi más preciado sueño; el ser futbolista profesional. Este sueño se enraizó en mí desde la temprana edad de de seis años, cuando descubrí la alegría que me provocaba el patear un balón.
Este deporte me ha hecho viajar incontable cantidad de veces; dejando de lado tanto a familia como amigos ; en una palabra: sacrificios. Viajes que lamentablemente no han sido del todo placenteros, pero que me han hecho adquirir experiencia como para poder codearme con excelentes jugadores.
Dejando de lado las historias vividas, prefiero ubicarme en el presente, que es el que me provoca escribir en esta sombría tarde de primavera, a falta de luz, mientras escucho el sonido del agua cayendo de la regadera y la plática de unos cuantos amigos, referente a un videojuego que me es totalmente ajeno; en la guarida de mi estimado señor x.
Vine a la ciudad de Querétaro para presentarme por cuarta vez a las pruebas del club de fútbol Gallos Blancos. A pesar de que aún siguen en mi mente, aquellas situaciones (todas idénticas) que han caracterizado los intentos pasados; sigo sin perder la esperanza de ingresar al club de fútbol de este lugar. Hasta aquí parece, por lo mencionado, que no he pasado las pruebas, situación que no es así; lo sucedido es que simplemente al estar al nivel de la tan ansiada segunda divisón, he sufrido ciertos escenarios, que no me concienrnen explicar aquí.
Espero que en esta ocasión la gente que me rodee durante mi actuar deportivo, se incline específicamente en eso: lo deportivo; no en lo extra cancha.
El rubro dentro de mi vida, del cual estoy confiado nadie podrá arrebatarme es esa felicidad provocada por una simple bola de material sintético.
domingo, 17 de mayo de 2009
No existe mejor momento
Fui pateada una vez más; en esta ocasión fue con más odio que amor. Semejante impacto hizo alejarme del camino correcto a casa, y terminé cayendo entre dos sujetos que parecían enemigos. Recuerdo muy bien la vestimenta de ambos; uno llevaba una playera blanca, mientras el otro lucía una con un escudo muy grande a la altura del corazón; escudo que no logro recordar.
Ambos tipos se peleaban por levantarme, además, simultáneamente se agredían con un repetitivo e hiriente: “hijo puta”… El de blanco ganó la disputa, acto seguido me tomó entre sus manos, me besó y dijo –por favor llega a la casa correcta-, (éste sí me entiende -pensé- pero, ¿a qué se refiere con correcta?) al decir esto, me guío hasta mis dominios con un suave empujón.
Me encontraba de regreso en mi territorio. La gente inmediatamente cercana a mí, corría a mis alrededores, como si yo fuera su tesoro más preciado en ese instante. Sabía que estaba de regreso en el lugar correcto al ver a un sujeto vistiendo pantaloncillo corto de color azul. Se me acercó y me trató con una inigualable clase e impresionante astucia. Pareció como si me hubiese llevado de la mano hasta uno de sus compañeros, que aparentemente agradeció con la mirada mi llegada.
Comenzó a correr de manera desenfrenada, esquivando a todo rufián que se atravesara en el camino con notorias intenciones de llevarme a otro lugar. A pesar de la velocidad de este muchacho, logré mantener el paso porque parecía como si estuviera adherida a él.
Por fin pude ver mi casa, esa inconfundible estructura protegida por un muro ahora pintado de blanco, junto a ese conserje joven y trabajador, que dicho sea de paso no es muy de mi agrado. Me comencé a impacientar; empecé a sufrir esa sensación: “tan cerca y a la vez tan lejos” al no poder encontrar la llave para atravesar la molesta pared, además de que podía ver la mueca de gusto del joven al otro lado.
Me movía de un lado para otro, procurando hallar ese pequeño hueco que me permitiese arribar a mi hogar, claro sin perder la calma. De buenas a primeras una persona muy alta, de tez morena, con un número catorce pintado en la espalda, gritó algo en un idioma que pude descifrar se encontraba entre francés, español e inglés; grito que logré definir como un: “¡Lio estoy libre! Mi veloz ayudante me pateó a ras de pasto hasta los pies de aquel jugador; que de primera intención me hizo volar por encima del paredón blanco.
Me encontraba volando frente al conserje; ese joven cuidador de puerta: Íker Casillas, que a pesar de su increíble pirueta voladora, cuya intención era impedir la entrada a mi casa, no fue capaz de evitar mi admisión.
Caí directamente en mi cama hecha de red blanca, mientras la mitad de la gente asistente al estadio soltaba un alarido prolongado de ¡gooooooooool! Acompañado de aplausos y me arriesgo a decir que hasta de lágrimas.
Una pantalla en lo alto exponía un marcador así: FC Barcelona 2: 1 Real Madrid, minuto 93:56. Con los escudos respectivos. Fue ahí donde me di cuenta que defraudé al sujeto que me besó tan sólo unos minutos antes, pero otorgué una alegría incalculable al portador del escudo en el corazón, que ahora sé, es el de un grupo de amigos que se divierten conmigo y lo disfrutan con una alegría solamente comparable a la de un niño.
Ambos tipos se peleaban por levantarme, además, simultáneamente se agredían con un repetitivo e hiriente: “hijo puta”… El de blanco ganó la disputa, acto seguido me tomó entre sus manos, me besó y dijo –por favor llega a la casa correcta-, (éste sí me entiende -pensé- pero, ¿a qué se refiere con correcta?) al decir esto, me guío hasta mis dominios con un suave empujón.
Me encontraba de regreso en mi territorio. La gente inmediatamente cercana a mí, corría a mis alrededores, como si yo fuera su tesoro más preciado en ese instante. Sabía que estaba de regreso en el lugar correcto al ver a un sujeto vistiendo pantaloncillo corto de color azul. Se me acercó y me trató con una inigualable clase e impresionante astucia. Pareció como si me hubiese llevado de la mano hasta uno de sus compañeros, que aparentemente agradeció con la mirada mi llegada.
Comenzó a correr de manera desenfrenada, esquivando a todo rufián que se atravesara en el camino con notorias intenciones de llevarme a otro lugar. A pesar de la velocidad de este muchacho, logré mantener el paso porque parecía como si estuviera adherida a él.
Por fin pude ver mi casa, esa inconfundible estructura protegida por un muro ahora pintado de blanco, junto a ese conserje joven y trabajador, que dicho sea de paso no es muy de mi agrado. Me comencé a impacientar; empecé a sufrir esa sensación: “tan cerca y a la vez tan lejos” al no poder encontrar la llave para atravesar la molesta pared, además de que podía ver la mueca de gusto del joven al otro lado.
Me movía de un lado para otro, procurando hallar ese pequeño hueco que me permitiese arribar a mi hogar, claro sin perder la calma. De buenas a primeras una persona muy alta, de tez morena, con un número catorce pintado en la espalda, gritó algo en un idioma que pude descifrar se encontraba entre francés, español e inglés; grito que logré definir como un: “¡Lio estoy libre! Mi veloz ayudante me pateó a ras de pasto hasta los pies de aquel jugador; que de primera intención me hizo volar por encima del paredón blanco.
Me encontraba volando frente al conserje; ese joven cuidador de puerta: Íker Casillas, que a pesar de su increíble pirueta voladora, cuya intención era impedir la entrada a mi casa, no fue capaz de evitar mi admisión.
Caí directamente en mi cama hecha de red blanca, mientras la mitad de la gente asistente al estadio soltaba un alarido prolongado de ¡gooooooooool! Acompañado de aplausos y me arriesgo a decir que hasta de lágrimas.
Una pantalla en lo alto exponía un marcador así: FC Barcelona 2: 1 Real Madrid, minuto 93:56. Con los escudos respectivos. Fue ahí donde me di cuenta que defraudé al sujeto que me besó tan sólo unos minutos antes, pero otorgué una alegría incalculable al portador del escudo en el corazón, que ahora sé, es el de un grupo de amigos que se divierten conmigo y lo disfrutan con una alegría solamente comparable a la de un niño.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
